[1971-1972] Nippur de Lagash, Saga de los Hititas en Egipto

Con La Saga de los Hititas se da el primer salto de calidad de la serie, y la verdad que leer las palabras de Robin Wood da gusto. En esta saga también se ve al mejor Lucho Olivera (o de los mejores que le vi yo al menos), que tiene grandes momentos. Además, acá se dan las primeras participaciones de Sergio Mulko, quien empieza a alternar con Olivera en los dibujos.

La Saga de los Hititas es la primera historia continuada de Nippur, abarca en total 11 números, poco menos de un año, y se publicó entre 1971 y 1972.

Todo empieza cuando Nippur va a Egipto y se encuentra con un grupo de soldados hititas buscando quilombo cerca de Tebas. Los hititas agarran a una chica del pelo y la arrastran mientras los soldados egipcios no hacen nada por miedo.

Los hititas estaban ahí buscando una excusa para empezar una guerra, ya que Egipto se había vuelto gordo y débil, con mucho oro pero poca fuerza. Un joven muchacho se mete antes de que lo haga Nippur y este termina teniendo que rescatarlo, aunque no le sale muy bien y los agarran a los dos.

Nippur logra que suelten al pibe ofreciendo a cambio al famoso Nippur de Lagash, que obviamente es el, y esta a punto de que le corten las manos cuando el chico vuelve con su guardia personal y matan a los hititas.

El chico resulta ser Akhenamon, el hermano de la reina Nofretamón, que por eso tiene su propia guardia. A pesar de que todos terminan a salvo, todo el tema inevitablemente les da a los hititas la causa que buscaban para empezar la guerra. Nippur, al saber que es en gran parte el causante de esto, no puede escapar a su conciencia que le dice la responsabilidad que tiene, y no se resiste demasiado tampoco por el fuerte deseo que tiene de volver a ver a Nofretamón, su gran amor que nunca pudo ser.

Nippur vuelve a un Egipto débil y corrompido, con varios entre la corte poco interesados en pelear y ganar la guerra, y por ende con varios enemigos que lo quieren ver muerto ya desde el principio. Nippur se reencuentra con Nofretamón y (a pesar de que pasaron diez años) es como si nunca se hubiesen separado, vuelven a estar juntos en un par de paneles, lo cual puede pasar, no quiero decir que me parezca apresurado necesariamente, aunque también era esperable que no le dediquen mucho espacio a la reconquista.

En los siguientes dos números Nippur limpia a los conspiradores en su contra, matando al jefe de los mercenarios, al sumo sacerdote de Amón y a un asesino pagado por este sacerdote que le caia simpático porque nunca escondió el hecho de que en algún momento iba a tener que intentar matarlo.

Uno de los mejores números es el que Nippur va al encuentro de los Anaham, los Hombres de Fuego, una tribu guerrera de egipcios que se fueron a vivir en la montaña para llevar una vida consagrada a la espiritualidad y al arte guerrera. Nippur va a pedirles ayuda en la guerra que se viene y se encuentra con una pequeña comitiva hitita que está yendo a hacer lo mismo. Las interacciones entre Nippur y el viejo enviado hitita y entre Nippur y Manam, el líder de los hombres de fuego, y con los hombres de fuego, son lo mejor de este número.

Después de esto, Nippur tarda todavía dos números más en volver a Tebas, siendo el primero un número que empieza con un tono ligero pero termina siendo bastante lúgubre, con un líder de bandidos muerto sin querer por culpa de su hija, ya que el padre le regala un collar que el águila de Nippur tenía en el cuello. Los hombres de fuego le habían dado esa águila a Nippur diciéndole que si encontraba problemas y los necesitaba sólo tenía que sacarle ese collar y el ave iba a volver a buscar ayuda. Nippur ya se había ido del campamento de los bandidos cuando se da cuenta, pero vuelve para encontrar a todos muertos y a Manam que no entiende nada.

Sigue el camino con la hija del bandido y una anciana sirvienta, en el segundo número antes de llegar a Tebas. Esta historia sirve como un anticlimax de todas las historias más serias que se venían dando en torno a la incipiente guerra, teniendo un tono bastante de comedia. No es de los mejores, me he reído bastante más con otros, pero es igual un buen número, con un par de momentos que me arrancaron un par de sonrisas.

Nippur y sus acompañantes se encuentran en el camino con el hijo de un granjero rico, que se dirige a Tebas para casarse, acompañado por su sirviente y varios burros cargados de oro y mercancías. Aparentemente se iba a casar con una arpía manipuladora que lo había elegido por la plata nada más, y bastante rápido empieza a histeriquearse con Nania, la hija del bandido que iba con Nippur, aunque no se da cuenta de que puede casarse con ella en vez de con la otra “bruja pintarrajeada” (parafraseando a lo que se dice en el número) hasta el final. La otra se enoja porque no quiere ser caballo de recambio de nadie y Nippur, que para ese momento está bastante en pedo, le dice al pibe que no se preocupe, que le pegue varios correctivos en la cola y que con eso se va a calmar.

No es la primera vez que Nippur aconseja eso, lo cual puede sonar machista y abusivo en el día de hoy, pero no queda fuera de lugar para la vieja Sumeria. Nippur termina en pedo tirado enfrente del balcón de Nofretamón, llamándola con alguna dificultad. Para cuando la otra baja, Nippur ya está roncando contra un árbol.

Una de las cosas más graciosas del número no es de la historia en sí, de un panel a otro desaparece la sirvienta anciana y no aparece más, completamente sin explicación (y en varios momentos Olivera dibuja al grupo claramente sin la anciana) y sin que los personajes digan nada. Puede que Wood se haya aburrido u olvidado del personaje, o a Olivera no le gustaba dibujarlo, pero queda medio desprolijo que desaparezca así, sin ni un solo comentario.

Después de este interludio vuelven los números con un tono más serio, con Egipto ya bien metido en los preparativos de guerra, y acá es cuando empieza Sergio Mulko en el arte, que sigue sin interrupción hasta el final de la saga.

Sergio Mulko es un dibujante y escritor argentino oriundo de General Roca, Río Negro, que básicamente empezó su carrera dibujando en Nippur (por lo que pude leer en Internet, siempre puedo estar equivocado porque toco de oídas) y más adelante dibujó varias cosas más para Columba (y algunas cosas bastante desconocidas para Estados Unidos) y hasta escribió varios números de Gilgamesh bajo el seudónimo de Leo Gioser. Tiene la distinción de ser el artista que más veces dibujó a Nippur, habiéndolo dibujado mucho más que Olivera y los hermanos Villagrán, que van a aparecer después. Mulko mejora mucho su arte con los años, al principio copia un poco el estilo de Olivera.

Lo que sí, no concuerdo con la siguiente frase de la entrada del Wikipedia en español:

“Para muchos, es quien mayor calidad gráfica le ha dado a la serie, después de Olivera.”

No opino sobre si a muchos les parece esto o no la verdad porque no tengo ni idea, nunca tuve alguien con quien hablar sobre Nippur realmente, pero en mi opinión el que le da el salto de calidad gráfica a la serie es Ricardo Villagrán, con Zaffino al mismo nivel (Enrique Villagrán también tiene momentos tremendos, pero está un escalón más abajo en mi consideración). Mulko se va convirtiendo con el paso del tiempo en un gran dibujante, pero no diría que es el mejor que pasa por Nippur.

Volviendo al número, Nippur se entera de que los hititas iban a hacer una movida arriesgada, pero que de salirles bien cambiaría mucho el rumbo de la guerra que se viene, y casi les aseguraría la victoria. Los hititas tienen una industria bastante pobre, por lo cual terminar de armarse para la guerra por si mismos les llevaría bastante tiempo, así que mandan una caravana con cien de sus mejores hombres, acaudillados por dos de sus mejores generales, con básicamente todo el oro de Hatti.

La idea es cambiar ese oro por armas, carros de guerra, equipo en general, todo lo necesario para la guerra. Nippur decide entonces llevar un grupo de mercenarios elegidos por él, para intentar sabotear el plan de los hititas. No lleva un batallón porque los egipcios no están listos, y debería sacrificar demasiados hombres para matar a cien de los mejores hititas (que son un pueblo guerrero bien curtido).

Este plot dura tres números, que son para mi los mejores de la saga. En el primer número Nippur recorre el campamento egipcio de los mercenarios, eligiendo a los que lo van a seguir. Así termina eligiendo a Taxos, el astuto, Kinaminas, el hombre sin huesos, Runas, el gigante, Antorcha, el que amaba el fuego y la muerte, Dardas, el arquero, Ninarim, la espada, Numar, el hondero, más Oras, el Hombre de Fuego que había ido a Tebas para alertar a Nippur del plan de los hititas. El grupo se completa con Akhenamon, que consigue el permiso de la hermana para ir, y con Nippur.

Wood le dedica un número a la historia trágica de Ninarim, la espada, mientras el grupo se encuentra en viaje para encontrarse con los hititas. Ninarim confía en Nippur y le cuenta como pasó de ser un príncipe-sacerdote del sol para terminar asesinando a un guerrero forastero que había aparecido en su pueblo, que al curarse se escapó con la que iba a ser su esposa. La espada que lleva es la que le saca al guerrero, con la que lo mata, y se queda con ella sabiendo que nunca iba a poder volver a su pueblo, viviendo así siempre atormentado por el fantasma que sabe que la espada lleva.

Taxos, que es un estafador por naturaleza, es el que arma el plan con la idea de robarles el oro a los hititas con el menor peligro posible, pero no termina todo tan bien. El plan funciona y Nippur termina escapándose en un barco junto con Akhenamon y todo el oro, pero todos los demás terminan muriendo de a uno. Todo el desenvolvimiento del plan, y varias de las muertes, son bastante emotivas, Wood logra expresar muy bien la emocionalidad del momento (es hasta diría mejor que la batalla final contra los hititas).

Medio rara esa mano y las líneas q marcan los pechos

Mulko acá tiene momentos muy buenos, en viñetas como la de Runas levantando un caballo, pero también tiene varias otras en las que se ven sus defectos y limitaciones del momento (como el dibujo de Nofretamón de arriba por ejemplo).

Esa araña gigante flotando arriba de la cabeza de Nippur….

Una de las cosas que no me gusta de este Mulko es que por algún motivo copia de Olivera la técnica de pegar cosas no dibujadas, fotos reales, de cosas como bichos, animales (Olivera lo hace muy seguido), que es un recurso que a mi no me gusta ni un poco, se nota demasiado que son cosas pegadas y a mi juzgar la gran mayor parte de las veces no queda bien, si querés hacer aparecer un escorpión en una piedra, dibujalo.

En uno de los números, cuando el grupo finalmente ejecuta el plan, hay un par de errores de continuidad de Mulko, y se equivoca algunas veces en los personajes que tiene que dibujar en cada viñeta.

El número siguiente es el de la batalla final. En un solo número Wood resume toda la guerra y muestra también la batalla final, lo cual sorprende un poco teniendo en cuenta que le dedicó tres números a todo el plot del oro de los hititas. La guerra es resumida desde las palabras de Nippur, que cuenta como fueron peleando de manera inteligente, matando los caballos de los hititas, destruyendo sus provisiones, librando escaramuzas y evitando la batalla final hasta que todo fuera más propicio.

Cuando llega el verano y a los hititas los ataca la fiebre y la falta de agua (el país de Hatti era un país frío, no resisten tan bien el calor como los egipcios) Nippur ordena poner un estandarte rojo, que era la señal convenida con los Hombres de Fuego y se lanza con su ejército a la batalla. La batalla es bastante épica, pero le falta un poco.

Wood debería haber tenido más espacio, el momento en el que los egipcios habían empezado a flaquear y perder, que es cuando llegan los Hombres de Fuego y matan a todos los hititas, es narrado todo en un par de viñetas, en una sola página, y la verdad que todo el momento merecía más desarrollo y detalle. Los dibujos de Mulko están bastante bien, ya se puede ver bien su habilidad para las caras y las expresiones, pero todavía está lejos de sus mejores momentos, hay algunas viñetas a las que les falta trabajo y detalle.

El último número funciona como un epílogo a la Saga de los Hititas, con la guerra ya terminada. La peste llega a Tebas (no se especifica exactamente que peste) y empiezan a aparecer cada vez más muertos. Nippur le dice a Nofretamon que se vaya a la frontera, donde estaba Akhenamon, pero ella quiere mantenerse al lado de su hombre. Poco después enferma y Nippur le reza a los dioses que la salven. Al otro día la peste empieza a subsidir, los enfermos empiezan a mejorar y hay menos nuevos cadáveres, pero Nofretamón muere con la llegada del nuevo sol, siendo esta la primer gran tragedia que le toca vivir a Nippur, que gana la guerra pero pierde a su primer amor. Nippur abandona Tebas y vuelve a sus caminos.

Esta primera saga de Nippur tiene grandes momentos, otros muy buenos, pero falla un poco tratando la guerra en sí, que está demasiado resumida, todo se resuelve muy rápido. Teniendo en cuenta todo el tiempo que Wood le dedica a los preámbulos lo lógico hubiera sido que la alargue más, que la muestre en más detalle, pero elige no hacerlo. Igualmente como dije al principio, da gusto leer a Wood y en esta saga no es la excepción, pero tiene historias mejores.

Rating: ★★★½☆

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