[2002-2003] Ultimate X-Men – Mark Millar – Parte 2

Después del breve interludio de Chuck Austen (review acá), Mark Millar continúa con sus Ultimate X-Men hasta mediados del 2003 (review de la primera parte acá).

Habíamos dejado a los X-Men recién repuestos de su encuentro con Weapon X y con el Charles Xavier hippie que soñaba esperanzado con un futuro con todos los mutantes viviendo en armonía con los humanos. Siguiendo esta línea, en el nro 15 Charles Xavier nos regala entonces un artículo en donde analiza el papel de los mutantes en la sociedad.

Xavier arranca definiendo a los mutantes como gente común con talentos extraordinarios, y que no entendía porque se los miraba con sospechas solamente por sus habilidades, siendo que todas las otras formas de excelencia y de destacarse eran reconocidas y festejadas por la sociedad, diciendo cosas como que a un cantautor no lo perseguían por el poder de sus letras (aunque en realidad esto si ha pasado varias veces) o a un quarterback de fútbol americano por la fuerza y alcance de su brazo. Se pregunta con bastante sentido si la razón de la alienación de los mutantes es porque sus talentos pueden extenderse a congelar gotas de lluvia o destruir montañas, lo cual es claro que es el principal motivo del porqué. Su comparación puede resultar válida para ciertos aspectos y habilidades mutantes, pero deja de serlo para la gran cantidad de mutantes con el poder de causar grandes niveles de daño, los cuales me parece a mi bastante lógico que puedan ser motivo de preocupación para la humanidad en general.

Congruente con su visión de siempre y con su función de maestro y educador, Xavier argumenta que éste potencial poder es justamente el motivo por el que los mutantes deberían ser recibidos con los brazos abiertos, por todo el bien que podrían hacer con la guía y orientación adecuadas. Esto es algo que comparto al menos desde el potencial de la idea, aunque es claro que suena más utópico que otra cosa.

Xavier pone de ejemplo de ésto a sus alumnos actuales, Jean, que antes no podía controlar sus poderes psíquicos y no podía distinguir entre voces habladas y pensamientos y ahora ayuda enfermos mentales y a la policía; Storm, inmigrante ilegal de Marruecos que nunca había ido a la escuela y ahora estaba estudiando Horticultura y Economía mientras ayudaba comunidades granjeras con sus poderes climáticos; Cíclope, que a pesar de tener muy malas notas se destacaba enormemente en las habilidades de liderazgo y combate y era un gran ejemplo para los más chicos; Iceman, que pasó de ser un adolescente asustado a una fuente de fuerza y apoyo para todos gracias a su sentido del humor y gran corazón; Bestia, que a pesar de las atrocidades que le hicieron humanos seguía usando su gran inteligencia y pasión para investigar cosas como alternativas baratas para medicamentos caros en países del tercer mundo (porque en Estados Unidos los medicamentos son baratos y de libre acceso para todos, seguramente).

Menciona que de los que más orgulloso está es de Coloso y Wolverine, criados entre violencia y miserias pero que se habían reinventado como un dúo que investigaba crímenes no resueltos y que patrullaba las calles en busca de gente que necesite su ayuda.

Dice no querer ser ingenuo tampoco (menos mal) y menciona que la influencia mutante puede no siempre ser enteramente positiva, con lo cual Xavier resulta ser bastante minimizador del potencial para el mal y la destrucción que también tienen, especialmente porque justo después pone ejemplos como el reciente atentado de la Brotherhood of Mutants en el distrito financiero japonés (es así como lo pone Millar, tal vez para él Japón es así como una gran ciudad-nación).

Ante la pregunta de mucha gente de por qué los X-Men no le hacían la guerra a la Brotherhood y en cambio Cyclops charlaba con Toad por horas del Señor de los Anillos y Xavier salía a pasear con Quicksilver y Scarlet Witch (detalles no mencionados en realidad pero que conocemos off the record), Xavier contesta que es una salida anticuada e imperialista y la violencia no generaba otra cosa que más violencia. Las ideas eran lo que tenía que cambiar al mundo, y como maestro sentía la responsabilidad de probarlo. Este es un tema ya más ambiguo, es claro que no soy partidario de que hay que ir a pegarle al malo y ya está, pero tampoco le veo mucho sentido a juntarse a charlar con asesinos de inocentes viendo si alguna vez se copaban y dejaban de matar humanos.

Ya afuera de su artículo muestra un costado menos Gandhi sugiriéndoles en su paseo con Quick y Scarlet que si no pensaban frenar en sus intentos de dominación del mundo que al menos usen sus poderes para exponer los gobiernos y corporaciones corruptas, y después paseando con Coloso, al cual lleva a ver a un Magneto vivo y jugando con unos nenes, habiendo sido sido semi-lobotomizado por Charles para que no recuerde quién es, sus talentos, o como usarlos. No lo dejó gagá e insiste con que es perfectamente feliz viviendo en Queens, comiendo en Denny’s y yendo al cine una vez por semana con su peor-es-nada y que cuando deje de querer exterminar a la humanidad seguramente le iba a poder sacar el bloqueo mental, pero no convence mucho a Coloso ni a mí con todo el tema.

Tampoco convence mucho a los editores que le habían encargado el artículo, el cual es rechazado por ser demasiado pro-mutante y bastante insensible para con toda la gente que había muerto en los ataques terroristas de la Brotherhood (bien por los editores en este caso), pero esto nos lo comunica un Iceman indignado por el hecho de que cantaba la posta, lo cual es festejado por Xavier. Es raro porque Millar expresa por parte de esos editores una crítica que comparto completamente.

Xavier no escribe un artículo nada balanceado, inclinándose completamente para el lado de los mutantes y su potencial para el bien, el cual es indudablemente cierto, pero también lo es la amenaza que representan. Parece casi como si tomara su papel para mejorar eso junto con los X-Men y sus futuros alumnos, como un “dejenme todo el tema de los mutantes a mi que los voy a sacar buenos” y dice que “hacerles la guerra” sería anticuado y que tienen que demostrarle con ideas que están mal. De nuevo, esto en parte lo comparto, es el fin último a lograr, pero lo cierto es que deberían hacer más cuando hay gente muriendo en explosiones y demás, lo cual se dice y es sugerido por Kubert en el arte de acompañamiento. Tampoco Xavier menciona a los caídos, ofrece condolencias o lo que sea, por lo que no hay dudas de que resulta un artículo insensible para cualquiera que lo mire desde esa perspectiva, tal vez hasta insultante.

No hay que analizar demasiado para darse cuenta de esto, y Millar mismo le da voz en los editores que rechazan el texto, por lo que puede que sea intencional y no sea la idea que Xavier nos caiga bien. De ser así lo va logrando en mi caso, pero no estoy tan convencido de que sea la intención.

World Tour

Pasado el interludio de Austen y el interludio de Millar, empieza entonces la siguiente saga, que va a tener a los X-Men viajando por el mundo mientras siguen a Xavier en una gira promocional de su nuevo libro. La idea en los papeles no sonaba nada mal, visitar Paris, Londres, Roma, Sydney, etc, mientras cada miembro del grupo continuaba con su educación con algo de experiencia en la vida real, haciendo cosas como atrapar narcotraficantes, salvar gente de que la choreen, etc.

Obviamente el plan cambia bastante rápido después de que David, el hijo de Charles Xavier y Moira McTaggert, escapa de su confinamiento en la base secreta de la Isla de Muir dirigida por Moira y empieza a matar gente, desesperado por conseguir una hamburguesa de Burger King primero, y matar a Xavier y todos sus X-Men después.

La elección del villano es interesante, y Millar maneja la historia muy bien, jugando en terreno conocido y desarrollando a David como un hincha de los Glasgow Rangers (elegido para agregar tragedia, sin dudas) que perdió a su padre a muy temprana edad, viendo como elegía voluntariamente irse y abandonarlo con su mamá y causando que se dispare su mutación. Para rematar el tema, como su poder lo hubiera matado a poco de manifestarse, se ven obligados a sedarlo y mantenerlo básicamente dormido por años para que no se active y se mate a si mismo, cosa que termina haciendo igual al despertarse pero solamente a su cuerpo físico, ya que se pone a saltar de cuerpo en cuerpo.

En poco tiempo mejora su control y deja de incinerar de a poco los cuerpos que ocupa cuando toma y se queda con el de Betsy Braddock – Psylocke, que estaba haciendo su aparición en el universo Ultimate como miembro del servicio secreto británico que cazaba a David, pero no dura mucho (aunque poco después revive).

 

Una vez descubierto, David empieza a desplegar con más ganas su tremendo poder de control y alteración de la realidad, usándolo para masacrar inocentes en todos los lugares que su papá iba a visitar con los X-Men, dejando en claro que podía e iba a matar a miles mientras deshacía todo lo que su viejo había hecho. Se convierte además en un pelado con pinta medio monstruosa, claramente incómodo con seguir transvistiendose como Betsy y prefiriendo más convertirse en Dark Xavier.

Todo es culpa de los Rangers

Es claro que el nivel y tipo de poder de David hacen que los X-Men se vean más que bastante avasallados, por lo que la historia lleva a una resolución un poco distinta, o al menos venía de esa manera hasta que, aprovechando que estaba momentáneamente debilitado, Coloso lo aplasta con un auto y lo mata. Bastante súbito para como venía creciendo la historia y la amenaza de David, pero apropiado para el estilo de Millar, que igual todavía no es tan exagerado como lo va a ser en años siguientes.

World Tour tiene varios momentos muy buenos y plantea una historia un poco distinta, con un villano que mata gente sin mostrar ningún remordimiento o consideración, pero que a su vez tiene una historia trágica de abandono y aislamiento completo del mundo a temprana edad. Es claro que esto no lo justifica, y es un poco extremo el salto directo a asesino de masas, pero da para que la historia tenga más carga emocional que con otros villanos megalomaníacos más clásicos, por ejemplo.

A pesar de caracterizarse como alguien muy desconectado emocionalmente (hablando del personaje en general y también en la caracterización de Millar), Xavier se muestra bastante golpeado por toda la experiencia con David en más de un sentido, y de eso se trata el epílogo de la serie. Me gusta el intento de exploración de Millar de un personaje que al menos yo siempre vi como bastante poco interesante en sí, pero no resulta en que me levante la simpatía hacia el mismo, sino todo lo contrario.

Xavier por Millar acá se muestra casi como un adolescente inmaduro, primero por lo inocente de algunas de sus nociones en su supuesta filosofía pero además por lo extremo e impulsivo que resulta. Al principio del número está bajoneado y decidido a abandonar los X-Men, habiendo dejado de creer en que tenía razón en lo que pensaba y en las cosas que había elegido, pero en vez de enfrentar la situación y desarmar a los X-Men discutiendo todo el tema con el grupo mismo, deja una carta para que lea Cíclope y planea irse sin que nadie lo vea mientras todos están en una misión en Nueva Zelanda, de nuevo, una forma bastante inmadura de enfrentar la situación.

En la carta se critica a si mismo y mezcla algunos puntos que comparto con otros que tienen menos sentido. Reconoce lo boluda (por decir poco) que había sido su decisión de mentir sobre matar a Magneto a todo el mundo (menos los X-Men) para en realidad implantarle una rehabilitación psíquica forzada haciéndolo vivir una vida de un maestro de escuela, en la idea de que así iba a hacer que deje de querer matar a todo el mundo. Pero inmediatamente después de criticarse esto dice que en realidad lo mejor hubiera sido dejar que básicamente Magneto haga lo que quiera y que la naturaleza siga su curso, lo cual se suma a un comentario anterior de que estaba encantado de que surjan nuevos grupos terroristas mutantes porque no tenía derecho en criticarles sus ideales y que el orden natural de las cosas era que una sola especie esté en la cima de la cadena alimenticia. En ese tren de pensamiento, en vez de discutir y hablar todas estas cosas y enfrentar la crisis con sus X-Men, sus supuestos estudiantes a quienes estaba dedicado, su plan es irse sin avisarle a nadie, sacarle el bloqueo psíquico a Magneto y después probablemente encerrarse a lamentarse un poco más. No menciona

Efecto Mariposa

directamente lo arrogante que había sido al pensar que tenía la autoridad de decidir que hacer sin consultar a nadie, pero tampoco lo pelotuda que es la decisión de mentirle a un gobierno que apenas está aceptando a los X-Men y a dejar las políticas de perseguir a todos los mutantes. Se cuestiona esa decisión, por suerte, pero su nueva solución sería dejarlo libre y dejar que mate a todos los humanos que quiera, pero igual para el final del número ya volvió a decidir que la rehabilitación forzada estaba bien.

Seguramente Millar busca intencionalmente caracterizar a Xavier como alguien con fallas, conflictuado, y no el pelado líder perfecto y sin dudas, y la idea de eso en sí me gusta, pero no le veo mucho sentido a lo que termina expresando, me parece que termina siendo demasiado para un personaje bastante adulto que debería tener más madurez, aunque puede decirse supongo que justamente por eso la caracterización de Millar es muy buena, al mostrar las enormes inseguridades emocionales de un Xavier que nunca se desarrolló y maduró en ese sentido, por más que sea un prodigio en varias areas por sus poderes o supuesta capacidad intelectual.

Puede ser que venga por ese lado, pero me resulta un poco demasiado, sumado al final con un Xavier dando marcha atrás con toda su partida-escapada al resultar conmovido por una charla con el Magneto bueno y su revelación de que había comprado entradas para escuchar la charla de Xavier en Nueva York, lo cual supongo que le parece una señal de que todo lo que había hecho era correcto y de que la rehabilitación estaba funcionando. Porque el hecho de que el mutante que estaba siendo manipulado psíquicamente haya comprado entradas para escuchar la charla que iba a dar para hablar sobre todo lo que estaba dudando hacía que en realidad tenga razón en todo lo que decía antes. Xavier vuelve entonces renovado a los X-Men, que ni se enteran de que se fue (seguramente volvió rajando a quemar la carta para que Wolverine no le diga que era un pussy).

Como dije antes, me parece un poco mucho el final, entiendo que todo el plot con Magneto no es nada tan grave en un comic de superhéroes, y es bastante clásico todo el template del villano sobreviviendo a la pelea con los héroes para terminar aprisionado de alguna forma medio dudosa para volver eventualmente en otra saga en donde está renovado y busca venganza, pero que va a terminar igual que antes y así. Esto lo acepto, mi crítica va hacia el tratamiento de la pretendida discusión profunda y llevar demasiado lejos cosas que no tienen mucho sentido si se las piensa medio segundo.

Hellfire and Brimstone

La nueva saga de Millar empieza con un número presentando a Kitty Pryde, que no extraña que sea la primera en agregarse al grupo tal como fue en el original de Claremont (aunque no recuerdo si en ese caso también había sido al mismo tiempo que la aparición de Fénix, seguramente sí). Todavía no tiene su dragoncito violeta, pero ya se le están manifestando regularmente sus poderes de fasear (poder hacerse intangible, no fumarse altos tronchos) y no los logra controlar, lo cual le causa bastantes problemas ya que lo primero que le pasa siempre ineludiblemente es caerse al departamento de la vecina de abajo, y cosas del estilo.

Lógicamente no tarda mucho en ser enviada a la escuela de Xavier para que la ayuden a controlar sus poderes, pero la mamá es terminante en el pedido de que su hija de 14 años no participe de misiones secretas contra supervillanos con mega poderes (una desubicada). Congruente con su caracterización como el adulto con menos sentido común del mundo, Xavier se decepciona ante el pedido y le dice que va a respetar sus deseos pero que está cometiendo un error.

El personaje de Kitty siempre me cayo razonablemente simpático, viniendo a cumplir el rol que tenía en la original como la más chica del grupo, la adolescente impulsiva pero con gran capacidad y coraje, etc. Algo así como el papel de Iceman, pero agregando un modelo femenino positivo, además de que en este caso el otro estaba temporalmente fuera del grupo y con sus viejos haciéndole juicio a Xavier por quedar muy herido en la pelea contra David, dejando vacante el espacio del más chico que haga los comentarios propios de la juventud y demás.

Una saga sobre Kitty que se llame Hellfire and Brimstone sonaba raro y eso es porque su presentación de un número es solamente el principio del largo prólogo de Millar a la vuelta de Fénix, que se manifiesta en una visión majestuosamente dibujada por Kubert. Ya resultaba sospechoso para la importancia de Kitty el hecho de que su número-presentación tenga en la portada a un Wolverine desgarrando a un robot, situación que aparece en exactamente 0 (cero) cuadros en el comic, o bien por medio segundo si se toma su práctica en el Danger Room con Coloso.

Puede parecer un buen momento para ya meterse en todo el tema del Fénix pero no, es tiempo de un 2do prólogo, en este caso mostrándonos un poco a la Brotherhood of Mutants de Quicksilver y Scarlet Witch y una pelea entre Wolverine y Cyclops por Jean. Hay algunas cosas interesantes, como los conflictos internos en la Brotherhood con varios no muy contentos con como manejaba las cosas Quicksilver y algunos personajes nuevos para mi, como un Che-Gorila, mutante y revolucionario, con boina y un ligero parecido a cuando Maradona estaba muy gordo y con chivita.

Wolverine y Cyclops y una pelea más por Jean ya no resultan muy interesantes. El número termina con Jean teniendo una nueva crisis y visión, pero en este caso vista por los demás también, sólo que en vez de un Fénix imponente esta vez parecen ser como unos diablitos blancos que se quieren meter adentro de Jean (?). El signo de pregunta vendría a ser porque no tienen nada que ver con nada y no vuelven a aparecer, por lo que su elección me confunde un poco, y ni siquiera es una visual atractiva.

Como ya era esperable para este punto, el siguiente número tampoco tiene mucho de Fénix, y en reemplazo vemos a Cíclope y Wolverine yendo juntos en castigo a una misión en la Savage Land (con Kitty incluyéndose sin permiso) y por otro lado a Bestia confesándole a su ciber-novia que en realidad Magneto no estaba muerto sino que vivía en el Bronx con una mina, con el cerebro lavado por Xavier. Esto no sería un problema si no fuera porque su ciber-novia en realidad no era una supermodelo mutante sino Blob de la Brotherhood, con todo lo que esto implica. Todas las secuencias del chateo resultan entretenidas por más que sea un poco mucho que Bestia se crea lo de la supermodelo en el chat, pero no puedo evitar notar el detalle de que el nro 3 de la saga de Fénix, HELLFIRE AND BRIMSTONE (mayúsculas para resaltar la falta de ambos elementos) es más que nada un tercer prólogo, y en este caso para la saga siguiente, ni siquiera para algo de Fénix.

Carlos Saúl Shaw

Si eso ya parece mucho, se termina de completar con el número siguiente, en donde no pasa nada relacionado al pájaro inmortal de fuego hasta el nuevo cliffhanger final, en este caso con un Sebastian Shaw más Menem que nunca que dice con una sonrisa “I believe it’s time The X-Men met the Hellfire Club, gentlemen”. La frase y la cara casi que parecen Millar riéndose y completando la oración con “especialmente después de cuatro números de preámbulos a la supuesta historia principal”, pero tal vez ese ya soy yo mal predispuesto para  con el escocés.

Antes de acordarse del todo de que todo el tema supuestamente era una saga sobre el Hellfire Club y Fénix, hay tiempo para Cíclope y Wolverine peleando contra una super inteligencia artificial que solía ser la supercomputadora de Magneto y que había sobrevivido para replicarse y para casi matar al de los rayos rojos.

Hace ya varios números que venían sonando comentarios sobre los misteriosos financiadores de los X-Men, dejando en claro que no podían ser tan benévolos y desinteresados por más que tengan a Schwarzenegger como uno de sus miembros, pero tanta anticipación no alcanza para que esta nueva interpretación del Hellfire Club de Sebastian Shaw dure más que un par de cuadros después de que despierten a Fénix, que los baja a todos en segundos, cosa bastante inevitable siendo que ya casi no quedaba espacio.

El final es tremendamente abrupto y conveniente. No me parece que esta reinterpretación de los X-Men y sus grandes eventos del pasado tenga que mantenerse completamente dentro de la original, por lo que no es que esperaba que Jean muera, y es claro que Millar le deja servido a Bendis o al escritor que sea el continuar con la historia de Phoenix, pero siendo que la clásica saga de Claremont y Cockrum? Byrne? es una de las mejores historias de los X-Men de todos los tiempos, esperaba un mejor intento. La resolución es demasiado rápida hasta para la estructura a la que nos vienen acostumbrando, como queda claro por mi resumen, y termina teniendo más prólogos y preámbulos que Fénix. Además, el que al final Jean quede con todos los poderes de la entidad pero supuestamente sin ninguna interferencia parece casi a pedido de los fans, por más que sea obvio que eventualmente va a volver el costado malo.

Return of the King

Finalmente llega la saga final de Millar, a la que le tenía tantas ganas que le metió prólogos en la anterior y le choreó las últimas hojas del número final de la de Fénix para mostrar a Magneto despertándose y tomando rápido control de su Brotherhood de nuevo.

A mi particularmente me parece un poco random el hecho de que pregunte quién lo había encontrado y despertado para matar a este mutante, pero funciona para reforzar la idea de que Magneto es un psicópata y no se había despertado blandito por los meses de “rehabilitación” de Xavier. Che-Gorila termina entonces con una lámpara clavada en la espalda, no llegando nunca a desplegar el poder de su boina revolucionaria y redimir su contradicción interna por ser un gorila.

En el siguiente número tenemos el preludio oficial a la saga (indicado como tal en la portada), en donde Millar se mete a explorar la historia de la relación entre Magneto y Xavier. Este preludio resulta al menos más interesante que los anteriores, aportando varios detalles nuevos o expandiendo un poco más en algunos conocidos, como cuando Xavier abandona a su esposa e hijo para irse con Magneto a construir su utopía mutante.

La relación entre Magneto y Xavier no sorprende mucho al ser bastante comparable a una relación amorosa, primero pasando por una etapa idílica donde no paran de buscarse y todo está re bien, para eventualmente y con el tiempo aparecer más y más diferencias y conflictos que los van separando. Claro que en este caso es porque uno se inclina cada vez más hacia la megalomanía genocida mientras que el otro nunca deja de ser un idealista pacifista. Así es como, cinco años después de abandonar a su familia sin mirar atrás, Xavier termina paralítico por un Magneto que no quiere que Charles lo abandone a él sin llevarse un regalo. En el medio pasa bastante obviamente, nos enteramos de que al principio la dupla puso una escuela muy similar al futuro instituto de Xavier, pero se vieron obligados a salir rajando por manifestaciones, vandalizaciones, etc, y ahí es que juntos arman una suerte de comuna mutante en la Savage Land.

Volviendo al presente, el gobierno norteamericano está bastante entendiblemente caliente con Xavier por haber mentido sobre haber matado a Magneto, por lo que lo encierran en Guantanamo y declaran a los X-Men terroristas y criminales al igual que la Brotherhood.

A poco de empezar la saga se empieza a desarrollar un subplot a partir de Jean, que cuenta que el Fénix no está dormido y le susurra cosas en su mente, como que Wolverine había intencionalmente dejado morir a Cíclope para quedarse con ella. No lo mencioné antes (porque creo que moriría del embole si describo absolutamente todo lo que pasa y aburriría a cualquier lector), pero Cíclope nunca vuelve de la misión en la Savage Land con Kitty y Wolverine, y por el testimonio de éste ultimo piensan que está muerto. No pasa mucho hasta que nos enteramos de que Jean tenía razón y Wolverine había dejado caer a Cíclope en una grieta en vez de salvarlo, causándole un respetable número de fracturas y heridas. Ninguna es mortal, pero está demasiado herido como para moverse, por lo que se pasa más de un mes comiendo plantas, bichos y lo que sea que pueda conseguir sin moverse.

Parece un poco mucho hasta para Wolverine, que si bien siempre fue el X-Men más jodido y propenso a matar cuando tenía que hacerlo, había tomado a los X-Men como su nueva familia por más competencia que tenga con Scott por Jean. Claro que al final gracias a esto Wolverine termina salvando a toda la humanidad, si bien no intencionalmente. Esto lo digo porque hace que tenga un poco más de sentido desde el lado de Millar y el plot, aunque Cíclope podría haber terminado en la zanja igual sin toda la secuencia de Wolverine sosteniéndolo y después soltándolo. Scott termina siendo rescatado por la Brotherhood sin saber quién es y es gracias a eso que los X-Men encuentran a Magneto y pueden pararlo justo cuando estaba a punto de revertir los polos magnéticos del planeta y demás cosas para matar a todos los humanos.

Magneto logra arrancar una reacción en cadena en un reactor nuclear en Miami, esperando armar al menos un Chernobyl in the USA, pero esto también lo frenan los X-Men, en este caso principalmente Jean activando sus poderes de Fénix ya sin la parte negativa. Todo esto se suma para que haya un cambio enorme en la percepción pública para con el grupo y la gente empieza a amar a los X-Men, logrando así forzar la mano en Washington. Xavier es indultado oficialmente entonces y su instituto y X-Men aprobados oficialmente, con la idea de que haya supervisión gubernamental y puedan emplear a mutantes promisorios en el futuro.

Hay tiempo también para que Cíclope vaya a buscar a Wolverine para pedirle perdón por comportarse como un macho alfa estúpido por haberlo echado del grupo porque este había intentado matarlo para quedarse con su chica, cosa que tiene sentido porque lo estoy leyendo en un comic solamente. Wolverine se mimetiza con el lector y le contesta que le parecía que había esta bien que le pegue un rayo y lo eche, pero se convence rápido cuando Cíclope le da un anillo de casamiento que supuestamente era suyo y le invita a ir con él a seguir investigando su pasado.

A lo último, Millar no se puede resistir de emular la primera X-Men, con Charles Xavier yendo a visitar a Magneto en una prisión de plástico para charlar un poco antes de que corran los créditos. El escocés le deja entonces al escritor siguiente unos X-Men aceptados por el mainstream y el gobierno, el grupo no pierde a nadie y quedan un par de líneas de plots a continuar si se quiere y Magneto está encerrado pero vivo.

Puede que mi resumen de otra impresión, pero Return of the King me resultó entretenida la mayor parte del tiempo. No estoy seguro de que era la idea, pero muchas veces los dialogos e interacciones entre la Brotherhood resultan mas interesantes que las de los X-Men en sí, más naturales y creíbles. Más allá de Millar exponiendo que no eran caricaturas de villanos terroristas, me parece que también tiene que ver con el hecho de que estaba menos limitado con las personalidades de personajes secundarios y eso le sienta bien.

 

Millar es bastante esquemático con sus arcos argumentales y no sorprende mucho con el fluir de las historias, arrancando siempre con alguna amenaza que empieza siendo insinuada para después desarrollarse lentamente hasta llegar a un final bastante rápido, y después bajar las tensiones para volver nuevamente a la carga. No hay nada de malo en sí en seguir un esquema ordenador de una historia si se quiere, y es más que bastante común en el medio, pero ya no me convence tanto cuando sobresale la estructura que se repite como para que se note demasiado, hace que obviamente pierda naturalidad la historia.

No se le escapa nada a Magneto

Me gusta que se meta bastante en la caracterización de los personajes, buscando darle voces distintivas a cada uno y mostrando sus diferencias, pero no logra crear dinámicas demasiado interesantes ni nada muy novedoso o profundo. Coloso no se siente del todo cómodo en el grupo en un momento, no logrando conectar demasiado con nadie, y su forma de quejarse es irse a Rusia sin decirle a nadie. Iceman es el más joven del grupo como siempre y se siente algo fuera de lugar y atraído por Storm en forma no correspondida, por lo que aparentemente llora por las noches por ella. Wolverine es parco y atormentado por su pasado, pero estando en el grupo lee poesía y con Jean él es distinto. Puedo seguir, y el punto no es que las caracterizaciones me parezcan que estén mal o que se alejen de los personajes, pero no resuenan demasiado, ni tienen momentos memorables, ya sea de humor, drama, compañerismo, etc.

No me parece tampoco que esta segunda parte de Millar sea un desastre, ni tampoco toda su etapa en general, no es eso lo que estoy diciendo. Hay buenos momentos de acción, algunos diálogos interesantes y me gusta en su mayor parte la creación del mundo que arranca el escocés, pero en esta leída ya casi con treinta años le termino encontrando demasiadas cosas criticables o que me sacan de esquema y que no me dejan disfrutarlo como lo hice cuando la leí en su momento cuando salió.

Me sigue pareciendo que es un buen intento de recrear el mundo de los X-Men para una nueva audiencia, pero ya se va sintiendo un poco desactualizado y no tan moderno. Millar no se la juega tanto como me hubiera gustado en su mayor parte y la mayor parte de los elementos van a resultar familiares, pero es probable de que también haya habido bastante influencia editorial con respecto a esto, y que sin dudas no lo hubieran dejado hacer cualquier cosa que quisiera.

Arte

Adam Kubert (15-17,20-22,25,29,31-33), en general muy bueno, rico en detalles y muy fluido, con alguna que otra cara o viñeta un poco dudosa, pero tiene momentos en que se luce y se manda algunos cuadros impresionantes. Lo entinta siempre Danny Miki. Casi todas las portadas son de él, menos dos de David Finch, pero ninguna me gusta demasiado. A su favor, el hecho de que cada portada tenga que ser dedicada a un personaje en particular estilo pinup sin dudas es un mandato editorial, pero no se manda ninguno demasiado memorable. Si tengo que elegir a una, elijo la del 31 con Magneto.

Chris Bachalo (18-19), es quien le da el primer descanso a Kubert, aunque el momento no es el ideal. Bachalo se manda dos lindos números pero su estilo choca con el de Adam K, más cercano al clásico de superhéroes, y su irrupción se da en el medio de la historia y termina encargándose del final del arco de World Tour, haciendo que se note más que si fuera otra historia. Me gusta igual lo que hace acá, es expresivo sin llegar a ser exageradamente tipo cartoon.

Kaare Andrews (23-24). Al igual que con el break de Bachalo, y un poco más todavía, el estilo de Andrews choca un poco al momento de aparecer al ser bastante distinto al de Kubert, en este caso más cercano al cartoon y bien expresivo, y la verdad no me parece la mejor elección porque distrae un poco para con la fluidez de la historia y la continuidad en sí. Distinto hubiera sido si por ejemplo este número cortaba a otro aspecto de la historia, o un flashback, u otra cosa en donde el cambio de escenario justifica el cambio de estilo del arte, pero nuevamente el descanso al artista principal se lo dan en el medio de un arco argumental, lo cual me parece flojo de los editores. Esto no lo digo como una crítica al arte en sí, que la verdad es muy bueno y de a momentos Andrews se luce, destacándose mucho en las expresiones faciales.

Bachalo y Andrews se entintan a si mismos.

Ben Lai (26), con tintas de Ray Lai. A diferencia de los anteriores Ben, junto con su hermano, sigue una línea más clásica, pero muestra varios problemas. El arte en general es decente y hay algunos cuadros que se ven muy bien, pero en varios momentos hay problemas de anatomía y particularmente de proporciones, además de continuidad en las mismas.

David Finch (27-28-30), Tintas de Art Thibert. Lejos de sus momentos más exagerados e indulgentes consigo mismo, Finch se manda tres lindos números, y su estilo se encuadra en la misma línea de Kubert, por lo que se integra bien con la historia en curso. De a momentos sus figuras resultan un poco estáticas y se lo nota más cómodo en las secuencias de acción que en las de diálogo, pero me gusta lo que hace en general. Las portadas del 28 y 29 son suyas, nada demasiado especial tampoco, con una Jean un poco sospechosa de más en el 28.

 

Rating: ★★½☆☆

 

 

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